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Descartes, El Discurso del Método, Quinta Parte

by on dic.29, 2011, under Descartes, Reflexiones breves

“Y en este punto me detuve particularmente para mostrar que si hubiera tales máquinas que usaran los órganos y la figura de un mono, o de algún otro animal irracional, no tendríamos medio alguno para reconocer que no eran en todo de igual naturaleza que estos animales; mientras que si las hubiera que tuviesen el parecido de nuestros cuerpos e imitasen tanto nuestras acciones como moralmente fuera posible, tendríamos siempre dos medios segurísimos para reconocer que no serían por ello verdaderos hombres. El primero de los cuales es que jamás podrían utilizar las palabras, ni otros signos para componerlas,  como nosotros hacemos para declarar a los demás nuestros pensamientos. [...] Y el segundo es que aunque hagan muchas cosas igual de bien, o quizás mejor que algunos de nosotros, carecerían infaliblemente de otras[...]“

La prueba de Turing, 300 años antes.

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Si crees que estás loco, ¿es porque no lo estás?

by on jul.20, 2011, under Reflexiones breves, Supervivencia

No es cierto que si te planteas si estás loco, es porque no lo estás. La diferencia es que si eres lo bastante inteligente para darte cuenta de que estás loco, también lo eres para disimularlo y que nadie más se dé cuenta.

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Descartes, El Discurso del Método, Sexta Parte

by on may.15, 2011, under Descartes

“Aunque a menudo haya explicado algunas de mis opiniones a personas de buenísimo ingenio y que mientras yo les hablaba parecían entenderlas con toda claridad, no obstante, cuando las han repetido he observado que las han cambiado casi siempre de tal suerte que no podía yo confesarlas por mías. Por eso quiero rogar a nuestros descendientes que no crean jamás las cosas que les digan que vienen de mí hasta que yo no las haya divulgado por mí mismo. Y que en modo alguno me asombro de las extravagancias que se atribuyen a todos esos antiguos filósofos, cuyos escritos no tenemos[...] sino que sólo nos los han referido mal.[...] [los seguidores] son como la hiedra, que no tiende a subir más alto que los árboles que la sostienen, e incluso, a menudo vuelve a bajar después de haber llegado hasta su cima[...] No obstante, esa forma de filosofar es muy cómoda para quienes sólo poseen espíritus muy mediocres, porque la oscuridad de las distinciones y de los principios de que se sirven les permite hablar de todo tan osadamente como si los supieran”

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Lutero

by on abr.06, 2011, under Erich Fromm, Reflexiones breves

“Ellos tienen bajo su vigilancia todos los bienes y practican sin disimulo todos los engaños que han sido mencionados; suben y bajan los precios según su gusto, y oprimen y arruinan a todos los pequeños comerciantes, al modo como el lucio come los pececillos, justamente como si fueran señores de las criaturas de Dios y no tuvieran obligación de prestar obediencia a todas las leyes de la fe y el amor.”

Lutero en 1524, Sobre el comercio y la usura

“Estas palabras de Lutero habrían podido escribirse hoy. El miedo y la ira de la clase media contra los ricos monopolistas durante los siglos XV y XVI, son similares en muchos aspectos al sentimiento que caracteriza la actitud de la clase media contra los monopolistas y los poderosos capitalistas de nuestra época.”

Erich Fromm en 1947, El miedo a la libertad

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Tu yo oculto

by on mar.06, 2011, under Ciencia, Filosofía, La Vida y la Muerte

Somos bastante más de lo que creemos.

Voy a comenzar una serie de entradas abordando un tema que cada día va adquiriendo más popularidad: la dicotomía entre consciente e inconsciente.

En esta primera entrada sentaremos las bases de qué es el consciente y qué es el inconsciente. Intentaré centrarme en resultados científicos, dejando de lado hipótesis filosóficas. Pero este no es un proceso sencillo, ya que la ciencia está en pañales respecto a este tema.

Nuestra mente se compone de dos partes: el consciente y el insconsciente. El consciente es al que llamas “yo”, el que está leyendo este texto y comprendiendo lo que pone. El inconsciente, en cambio, es como el ayudante que vigila al consciente y le va preparando el camino para que el consciente pueda trabajar.

Aunque suene redundante, el inconsciente se encarga de todos esos detalles de los que no eres consciente. Se encarga de reconocer una cara, de reaccionar ante un estímulo, de reconstruir una escena de un simple vistazo,… Se encarga de todas esas tareas necesarias pero automáticas, mecánicas.

Realizamos un experimento con un escáner cerebral en el que las personas debían tomar decisiones muy sencillas. Podían decidir si pulsaban un botón a la izquierda u otro a la derecha. En este caso, sientes que eres totalmente libre de elegir de hacer una cosa u otra, no hay nada que te obligue a elegir una opción o la otra. Registramos la actividad cerebral de las personas y descubrimos que podíamos predecir su decisión, si iban a pulsar el botón de la izquierda o de la derecha, siete segundos antes de que la hubieran tomado. Es decir, no siete segundos antes de que pulsaran el botón, sino siete segundos antes, incluso de que pensaran que habían decidido cuál iban a escoger.

Más información de este experimento aquí

Es decir, que el inconsciente no sólo realiza las tareas sencillas “complementarias” al consciente, sino que parece que va guiando al consciente en todo momento acerca de lo que debe o no debe hacer.

Veamos el funcionamiento del cerebro de una forma más gráfica. Una forma sencilla de explicarlo sería representar a lo largo del tiempo a los procesos mentales con una línea de forma que, a mayor valor, más cerca están de la consciencia porque necesitan de decisiones más complejas, menos automáticas. En la gráfica separaremos cuando un proceso mental es inconsciente mediante el sombreado. Si un proceso “pasa” a ser consciente, sale del área sombreada:

Gráfica de procesos mentales con poca conciencia

 

En este caso, un proceso sencillo, como el azul o el rojo, podrían ser procesos mentales como caminar o rascarte un brazo. Tu cerebro tiene el control, pero tú no vas conscientemente pensando paso a paso cómo mover y apoyar el pie.

El proceso morado sigue siendo inconsciente, pero en un momento dado necesita que la consciencia tome una decisión rápida. Por ejemplo podría representar el hecho de abrir una puerta, donde la consciencia interviene un momento para hacer uso de la llave. Esto es, basándonos en la suposición de que utilizar la llave no es algo “automático” ni trivial.

En cambio, los procesos naranja y verde tienen gran parte de consciencia. Pero cabe destacar que estos procesos nunca empiezan fuera del sombreado. Antes de que el consciente empiece a trabajar, el inconsciente “prepara” el terreno, sentando las bases de lo que el consciente va a hacer.

Por ejemplo, el proceso verde podría ser abrir el navegador para leer las noticias. El insconsciente se ha encargado de casi todo el proceso: dirigirte al ordenador, sentarte en la silla, encenderlo, colocar tus manos sobre el ratón y el teclado, etc… Sólo cuando la mente necesita de tu atención, por ejemplo para leer la noticia, es cuando se activa el consciente. Todo lo demás, lo has hecho, pero no has estado “controlándolo” desde el consciente.

Pero el ser humano no siempre ha sido así. Desde que éramos unas sencillas bacterias hasta que desarrollamos la civilización, hemos ido pasando por una serie de estadios que nos han ido abriendo la mente poco a poco.

A lo largo de la evolución, la conciencia ha ido ganando terreno al inconsciente, “bajando” esa barra que separa qué procesos mentales procesa uno y cuales procesa el otro. En la siguiente gráfica podemos ver lo que pasaría si una persona, en la misma situación anterior, no tuviera el consciente tan desarrollado:

Gráfica de procesos mentales con poca conciencia

La línea del proceso de la llave, la morada, ha tenido que subir más alto que en el gráfico anterior, ya que el proceso de utilizar la llave es algo que inconscientemente no es capaz de realizar. Esto ha hecho que la mente necesite realizar un “esfuerzo” mayor, para poder salir de la zona sombreada, para poder utilizar la llave. Así mismo, las líneas de la conversación (naranja) y la lectura de noticias (verde), han tenido que subir un poco más también, para poder llegar al consciente, para poder realizar las tareas complejas.

Si este esfuerzo le supone demasiado porque su mente se llena de procesos que tiene que “escalar”, probablemente esta persona decida “prescindir” de algunos procesos mentales. Quizás no pueda hablar y utilizar la llave al mismo tiempo (prescidiendo por ejemplo del proceso naranja) o quizás decida utilizar una cerradura más sencilla.

Probablemente por esto es por lo que podemos enseñar a un chimpancé a realizar tareas o a hablar con lenguaje de signos. Ellos mismos aprenden en su hábitat natural a utilizar herramientas sencillas. Pero no han desarrollado toda una tecnología que les ayude en su día a día porque su consciente ya está saturado con el uso de estas herramientas sencillas. Esto es lo que nos diferencia, nuestro salto evolutivo.

Sin embargo, no seamos ingenuos, este proceso aún no ha terminado en el ser humano. La evolución sigue avanzando, “bajando” el listón para que el consciente siga cada vez aumentando el control sobre lo que hace y deja de hacer. Y, probablemente, esto tenga mucho que ver con los avances sociales, con la percepción de nuestra propia individualidad.

Gráfica de procesos mentales con mucha conciencia

El problema al que se enfrentarían estos “aventajados” de la evolución es que la información que se ven obligados a procesar conscientemente es mucho mayor que lo que tiene que procesar el ser humano medio. Es decir, están “forzando” a su cerebro a trabajar más y más rápido. Controlan mucho mejor sus acciones, toman más decisiones conscientemente y son más conscientes en general de todo lo que sucede a su alrededor. Pero a un coste: el coste de tener que estar más pendiente de todo, porque muchas de las tareas automáticas de las que se encargaba el inconsciente ahora forman parte de la rutina que debe llevar a cabo el consciente.

¿Está preparado para esto nuestro cerebro? ¿Es el consciente capaz de manejar tantos procesos simultáneamente sin volverse loco? ¿Puede ser ésta la causa de enfermedades mentales como la esquizofrenia?

Intentaré contestar a estas preguntas en la próxima entrega, pero de momento dejo un vídeo de una conferencia TED donde J. B. Taylor cuenta su experiencia durante un derrame cerebral y cómo eso afectó a su forma de percibir el mundo a su alrededor, como si hubiese perdido su conciencia:

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La burbuja alimentaria

by on mar.05, 2011, under Supervivencia

Como ya comentamos anteriormente, ahora que la burbuja inmobiliaria se ha agotado y que el petróleo empieza a escasear, los pesos pesados de las inversiones se están volcando en los alimentos. Si bien para los inmuebles aún podían argumentar que no eran un bien común y que no perjudicaba al día a día de las personas, ¿qué argumento utilizarán para negar alimentos esperando a que suba el precio?

Por supuesto, no todos los alimentos son susceptibles de inversión. Tienen que recurrir a alimentos imperecederos como cereales, por ejemplo. Quizás ese sea su argumento, que aguantemos con los alimentos perecederos mientras ellos acumulan los imperecederos en espera de que en nuestra desesperación les compremos a precios imposibles.

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Sadismo y masoquismo

by on feb.12, 2011, under Ciencia, Erich Fromm, Filosofía, La Vida y la Muerte, Supervivencia

Dice Erich Fromm en su El Miedo a la Libertad que todos somos en cierto modo sádicos y masoquistas, porque esto es lo único que nos ayuda a superar la soledad y el aislamiento que sentimos como personas individuales. Aunque creo que en libros posteriores desdice parte de este razonamiento, me sirve como punto de partida para un análisis sobre este fenómeno.

Según Fromm, este masoquismo puede manifestarse de múltiples formas: la rendición a un ser superior que te protege o te castiga (dios), la rendición a las convenciones sociales, la rendición al jefe, la rendición al amante,… Incluso llega a sugerir que las relaciones amorosas no son sino un reflejo más de este sadismo, donde el amante (masoquista) se somete al amado (sádico) en un acto de despersonalización.

En principio, la explicación a este fenómeno es bastante lógica y no es necesario leer a Fromm para llegar a la misma conclusión. Cuando el ser humano se siente solo y aislado, busca la forma de conectar con una o más personas, intentando de esta forma disminuir su soledad.

La forma más rápida de conseguir esta evasión de la soledad es unirse a un grupo que, mediante rituales de iniciación y reuniones periódicas, den al individuo la sensación de pertenecer a algo mayor que sí mismo. La pérdida de libertad que supone la unión a este grupo será para el individuo un precio menor a pagar por sentirse menos solo. Es por esto que los fenómenos de sectas y grupos religiosos son tan comunes a más vaya avanzando la sociedad en cuestión de libertades personales.

Porque esta sensación de soledad, como bien nos indica Fromm, no es sino un efecto de que cada vez el ser humano tiene más y más libertad para hacer o pensar lo que quiera. Esta libertad le proporciona individualidad, le da más espacio a su personalidad y le permite desarrollarse de forma única e independiente. Pero al tener más posibilidades, también le aleja del resto de seres humanos, porque cada uno escogerá su propio camino, separándose del resto.

La comparación más recurrente en El Miedo a la Libertad es con la Edad Media, donde un artesano tenía poca libertad para desarrollar su personalidad, pero que, sin embargo, tenía un fuerte sentimiento de pertenencia a su familia, a su pueblo, a su gremio y a su religión. Su vida estaba perfectamente marcada desde el momento de su nacimiento, pero en ningún momento se sentiría solo. Estaría acompañado durante todo el camino. Sus pesares y sus preocupaciones eran comunes a los pesares y preocupaciones de sus allegados.

Hoy en día, con las victorias en relación a los derechos humanos y las libertades individuales, hemos alcanzado un punto en el que la vida de un ser humano es una hoja en blanco en el momento de su nacimiento. Pero resulta cuanto menos curioso observar cómo estos mismos individuos, cuyo destino está sin escribir, se esfuerzan por despersonalizarse hasta el punto de que su mayor aspiración es convertirse en el “ciudadano medio”, sin destacar ni sobresalir por nada que no sea lo previamente pactado (está bien sobresalir por tener un buen sueldo, pero no por tener aficiones “raras”).

El ser humano, la sociedad en general, no está educada para saber manejar esta avalancha de libertades que tiene entre sus manos. La solución no es, sin embargo, limitar estas libertades. La solución está en aprender a usarlas, con responsabilidad pero sin miedo, de forma que los individuos puedan hacer uso de sus libertades sin sufrir el miedo a la soledad y el aislamiento.

Sin embargo, creo que Fromm se equivoca al considerar que todos somos sádicos o masoquistas. No todas las relaciones se basan en la rendición de un masoquista a un sádico. También existen las relaciones en las que, partiendo del conocimiento del mutuo aislamiento y soledad que experimentan los individuos, se puede llegar a un acuerdo de responsabilidad y compromiso donde ambas partes por igual se ayuden para aliviar esta soledad. No hablo sólo de relaciones amorosas, también hablo de relaciones de amistad, vecindad o incluso laborales, dado el caso.

Probablemente Fromm no tuvo en cuenta (al menos en este primer libro) este tipo de relaciones que sin embargo yo veo tan obvias por un hecho muy simple: Nos separan sesenta años de madurez social. Estamos aprendiendo a manejar nuestras libertades.

Aunque, es cierto, siempre  habrá que ceder parte de la libertad (o libre albedrío) para poder pactar relaciones con otros individuos. Al menos de momento.

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Descartes, El Discurso del Método, Sexta Parte

by on ene.29, 2011, under Ciencia, Descartes, Reflexiones breves

“Pero tan pronto como hube adquirido algunas nociones generales sobre física y hube comenzado a experimentarlas en diversas dificultades particulares, observé hasta dónde puede conducir [...] Podríamos emplearlos de igual forma en todos los usos que les son propios y así convertirnos como en dueños y poseedores de la naturaleza. cosa deseable no sólo por la invención de una infinidad de artificios, que harían que sin ningún esfuerzo, gozásemos de todos los frutos de la tierra y de todas las comodidades que en ella se encuentran, sino principalmente también por la conservación de la salud que es sin duda el primer bien y el fundamento de todos los demás bienes de esta vida.”

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Erich Fromm, El miedo a la libertad, Tercera Parte

by on dic.12, 2010, under Erich Fromm, Reflexiones breves

“Su actividad económica y su riqueza les proporcionaban un sentimiento de libertad y un sentimiento de individualidad. Pero a la vez esta misma gente había perdido algo: la seguridad y el sentimiento de pertenencia que ofrecía la estructura social medieval. Eran más libres, pero a la vez se hallaban más solos. Usaron de su poder y de su riqueza para exprimir hasta la última gota de los placeres de la vida; pero, al hacerlo, debían emplear despiadadamente todos los medios, desde la tortura física hasta la manipulación psicológica [...] Todas las relaciones humanas fueron envenenadas por esta lucha cruel por la vida o por la muerte, para el mantenimiento del poder y la riqueza. La solidaridad con los demás hombres -o, por lo menos, con los miembros de su propia clase – se vio reemplazada por una actitud cínica e indiferente.[...] El individuo se halla absorvido por un egocentrismo apasionado, una voracidad insaciable de poder y riqueza.”

Erich Fromm, hablando sobre el Renacimiento, como bien podría estar hablando de los liberales actuales.

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Erich Fromm, El miedo a la libertad, Tercera Parte

by on nov.03, 2010, under Erich Fromm, Reflexiones breves

“Si el significado de la vida se ha tornado dudoso, si las relaciones con los otros y con uno mismo ya no ofrecen seguridad, entonces la fama es un medio para acallar las propias dudas. Posee una función con respecto a la inmortalidad, comparable a la de las pirámides egipcias, o a la de la fe cristiana; eleva la propia vida individual, por encima de sus limitaciones e inestabilidad, hasta el plano de lo indestructible; si el propio nombre es conocido por los contemporáneos y se abriga la esperanza de que durará por siglos, entonces la propia vida adquiere sentido y significación por el mero hecho de reflejarse enlos juicios de los otros.”

Erich Fromm, hablando sobre el Renacimiento, como bien podría estar hablando de la reacción a internet.

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